Conducir bajo los efectos del alcohol se presenta comúnmente como un problema de embriaguez. Sin embargo, los datos indican que esta percepción es incompleta, especialmente durante el mes de diciembre. Aunque el alcohol sigue siendo el principal culpable en accidentes fatales, un análisis reciente demuestra que el uso de drogas, el consumo de múltiples sustancias y la fatiga han cobrado relevancia en el aumento de fatalidades en carretera durante las festividades.
Un entorno de riesgo multiplicado
Diciembre, reconocido como el Mes de la Concientización sobre la Conducción Bajo los Efectos del Alcohol, coincide con un aumento en el consumo de sustancias, además de un incremento en las distancias recorridas y en la conducción nocturna. Este contexto crea un ambiente donde se superponen diferentes factores de deterioro, resultando en accidentes más severos y difíciles de detectar.
Hallazgos clave: Las cifras del peligro
Una revisión de datos nacionales y estudios toxicológicos revela hallazgos alarmantes:
Positividad en accidentes: Más de la mitad de los conductores gravemente heridos presentan alcohol, drogas o ambos en su sistema.
El riesgo del policonsumo: El uso de múltiples drogas es ahora la categoría de mayor riesgo, superando al consumo exclusivo de una sola sustancia.
Marihuana vs. Alcohol: En ciertos grupos, la marihuana aparece con mayor frecuencia que el alcohol en conductores lesionados.
El peligro de la madrugada: El 47% de los conductores involucrados en accidentes mortales nocturnos (12:00 a. m. a 2:59 a. m.) dan positivo en alcoholemia.
Por qué el alcohol ya no cuenta la historia completa
Aunque es el factor más fácil de identificar, los estudios en centros de traumatología muestran que los conductores lesionados tienen más probabilidades de dar positivo por sustancias como:
Marihuana y Opioides.
Estimulantes y Sedantes.
Medicamentos de prescripción y de venta libre.
El riesgo aumenta exponencialmente al combinar sustancias, afectando gravemente la capacidad de reacción, el juicio y el control motor en comparación con el consumo de una sola sustancia.
La brecha de percepción: El peligro que no vemos
Existe una desconexión entre la realidad y lo que el público cree:
El 94% de los conductores sabe que es peligroso manejar tras beber alcohol.
Solo el 70% tiene la misma percepción sobre el cannabis.
Muchos ignoran los riesgos de los medicamentos recetados o creen erróneamente que el cannabis mejora su concentración.
Desafíos para las autoridades y la ley
A diferencia del alcohol, el deterioro por drogas presenta retos técnicos y legales:
No existe un umbral de incapacidad universalmente aceptado.
Hay falta de pruebas rápidas y efectivas en carretera.
Es difícil distinguir entre el consumo previo y la incapacidad activa al momento de conducir.
Fatiga: El multiplicador silencioso
La fatiga produce efectos análogos a los del alcohol. Conducir tras una larga privación de sueño equivale a manejar con un nivel de alcohol cercano al límite legal. En diciembre, los viajes largos, las celebraciones nocturnas y el estrés de la temporada crean el caldo de cultivo ideal para accidentes por cansancio.
Perfil de riesgo: ¿Quiénes son los más afectados?
Adultos jóvenes (21-34 años): Sobrerrepresentados en accidentes por drogas y alcohol; son más propensos a subestimar el riesgo.
Adultos mayores: Sufren lesiones más graves y son más vulnerables al efecto de medicamentos y fatiga.
Género: Los hombres representan el 75% de los arrestos por conducción bajo efectos de sustancias y participan más en conductas de alto riesgo.
Conclusión: Hacia una nueva definición de seguridad
Los mensajes de seguridad deben evolucionar. Las muertes en diciembre no se deben solo a una “copa de más”, sino a una combinación letal de sustancias, cansancio y falta de conciencia. Comprender esta interrelación es esencial para informar al público con precisión y disminuir las muertes evitables en nuestras carreteras.






























