El consumidor mexicano no está simplemente desechando la electrificación; está enviando un mensaje claro y sólido a la industria automotriz: es momento de elegir de manera prudente, no de apresurarse. Este mensaje lo revela un estudio que refleja el sentir de un mercado mirando hacia el futuro con interés, pero tomando decisiones informadas sobre el presente.
México se encuentra en una etapa de cambio en la que la adquisición de un vehículo ya no está dictada únicamente por tendencias globales o promesas de innovación; se basa en factores más concretos como precio, confianza, disponibilidad e infraestructura. En un contexto económico y geopolítico complicado, el automóvil se vuelve nuevamente una inversión a largo plazo, no solo un experimento.
El estudio indica que el 65% de los encuestados tiene planes de comprar un vehículo en los próximos dos años. Sin embargo, las preferencias están cambiando de manera reveladora: el interés por los motores de combustión interna ha crecido al 60%, mientras que la inclinación hacia vehículos híbridos y eléctricos ha disminuido al 23%, frente al 32% observado en 2024. A pesar de eso, la tendencia de compra de estos vehículos continúa creciendo anualmente, pero a un ritmo más lento de lo anticipado.
Geopolítica e infraestructura: las verdaderas barreras
Uno de los factores menos evidentes pero más decisivos es la influencia de la geopolítica global. Un 40% de quienes consideran comprar vehículos eléctricos están retrasando o reevaluando su decisión, debido a tensiones internacionales que generan reducción en la producción, problemas logísticos y potenciales incrementos en tarifas. En un mercado sensible a los precios, cualquier incertidumbre tiene un gran impacto.
Además, hay un obstáculo aún más tangible: la infraestructura de carga. La falta de estaciones de carga públicas (34%) y la limitada capacidad de carga en casa (32%) son los principales impedimentos. Aun quienes intentan utilizar la red existente enfrentan una experiencia poco confiable: largos tiempos de espera, cargadores ocupados o fuera de servicio y dificultades para localizar estaciones disponibles siguen siendo parte de la rutina.
Paradójicamente, los aspectos económicos siguen generando un ambiente favorable para los vehículos eléctricos. El aumento constante en los precios de los combustibles mantiene su atractivo, con razones claras para su compra: el cuidado del medio ambiente (44%), el ahorro en combustible (38%) y menores costos de mantenimiento (36%). Existe interés, pero las condiciones actuales no lo fomentan.
Marcas, precios y un consumidor menos leal
El mercado mexicano también está experimentando un cambio significativo en cuanto a lealtad de marca. Las marcas de Asia-Pacífico, exceptuando China, dominan con un 83% de preferencia. Sin embargo, las marcas chinas están creciendo notablemente, alcanzando un 17% de cuota, seis puntos porcentuales más que en 2024, impulsadas por precios competitivos y un alto nivel de equipamiento tecnológico.
Por otro lado, las marcas estadounidenses han observado una caída importante, bajando a un 61% de preferencia. Este cambio refleja un consumidor más pragmático, menos anclado a la tradición y más atento a la relación costo-beneficio, especialmente en tiempos de incertidumbre económica.
Comprar un auto: entre lo digital y lo tangible
A pesar de los avances en digitalización, el consumidor mexicano aún necesita tocar, ver y probar. El proceso de compra está evolucionando hacia un modelo híbrido donde la investigación en línea coexiste con la experiencia física. Un 44% de los compradores prefiere cerrar la adquisición en concesionarios o showroom, aunque este número ha disminuido notablemente en comparación con el 65% de 2024.
Simultáneamente, los canales en línea están ganando terreno rápidamente: pasaron del 17% al 28%, mientras que otro 28% opta por un esquema mixto, investigando en línea y validando su decisión de forma presencial. La experiencia sigue siendo un elemento clave.
Tecnología sí, pero con límites claros
En el ámbito tecnológico, el mensaje del consumidor mexicano es claro: la seguridad es prioritaria. La navegación (57%), los sistemas de seguridad (55%) y el mantenimiento (33%) son lo más importante. La conducción autónoma, en cambio, genera recelo: un 62% solo se siente a gusto hasta el Nivel 2, mientras que el temor a accidentes y fallas tecnológicas (ambos con 54%) impide una adopción más rápida.
Una pausa estratégica, no un rechazo definitivo
Lejos de rechazar la movilidad eléctrica, el consumidor mexicano parece estar esperando el momento adecuado. La adopción no se ha detenido, solo se ha vuelto más selectiva. Para la industria, el desafío ya no es solo convencer, sino crear las condiciones necesarias: infraestructura robusta, precios competitivos y, sobre todo, confianza.
El mensaje es claro: el futuro eléctrico llegará, pero en México lo hará a su propio ritmo.
































